Alimentos que, manipulados, nos matan

Publicado por: Cristina Namaskar En: Vida comunitaria En: Sunday, August 23, 2015 Comentario: 0 Golpear: 985

Existen alimentos necesarios para la vida que, manipulados por la industria transformadora, se convierten en auténticos venenos que pueden acabar con ella.

Desde hace cientos de años largas caravanas de yacks, conducidas por los sherpas, recorrían miles de kilómetros con su preciada carga desde las altiplanicies tibetanas hasta Nepal e India, comerciando con una de las materias primas más importantes para la vida humana. El producto con el que comerciaban era realmente valioso justificando sobradamente las durísimas condiciones del viaje, a través de profundos desfiladeros y quebradas cubiertas por la nieve.

Transportaban sal.

Esta sal del Himalaya proviene de depósitos formados en la altiplanicie tibetana cuando esta, hace millones de años, formaba parte de los fondos marinos.

En general cuando hablamos de sal comestible muchas personas entienden como tal la sal de mesa refinada, con o sin yodo, que se expende en los supermercados. Sin embargo esta sal refinada difiere notablemente de la sal natural sin refinar. Mientras la primera es notablemente perjudicial la segunda tiene virtudes curativas.

La sal de mesa refinada es simplemente cloruro sódico, químicamente blanqueado, y que nuestro cuerpo reconoce como algo totalmente extraño. Esta sal está formada por cristales independientes y nuestro cuerpo para procesarla debe consumir grandes cantidades de energía. Éste cloruro de sodio inorgánico puede romper el equilibrio ideal de fluidos y sobrecargar el sistema de eliminación. Para aislar el exceso de sal las moléculas de agua tienen que rodear el cloruro de sodio para romperlo en iones de sodio y de cloro para que el cuerpo pueda neutralizarlos. Para ello toma agua de las células, rompiendo el equilibrio de fluidos dentro de las mismas. Para neutralizar cada grano de cloruro de sodio el cuerpo tiene que utilizar 23 g de agua celular. Esto significa que consumir demasiada sal refinada tendrá como consecuencia una acumulación de agua en los tejidos, incrementando la celulitis, el reumatismo, la gota, artritis, así como cálculos biliares y renales.

Por si fuera poco la sal refinada suele contener agentes conservadores que resultan potencialmente peligrosos. Entre ellos algunos como el hidróxido de aluminio se depositan en el cerebro, constituyendo una de las posibles causas del Alzheimer.

La propia Asociación Americana contra Aáncer sugiere limitar el consumo de sodio a 1,500 mg por día, pero son muchos los estudios que ponen de manifiesto que este consumo supera los 7,000 mg de sal procesada por día.

La sal se utiliza en grandes cantidades en embutidos y quesos para prolongar su vida útil, así como una forma de mejorar el sabor de la carne envasada, excesivamente cocinada.

El sodio también puede provenir de otros aditivos artificiales como el glutamato monosódico, el benzoato de sodio, el nitrato de sodio, la sacarina o el bicarbonato de sodio.

A pesar de que se relaciona el consumo de sal refinada con la hipertensión, hay otros factores que controlan el equilibrio de líquidos y electrolitos, la presión arterial, la obesidad, la enfermedad cardiovascular o la enfermedad renal. Hoy día se sabe que el ácido úrico es un subproducto del metabolismo de la fructosa y que elevados niveles de ácido úrico elevan la presión arterial. Así que hay que tener cuidado con el excesivo consumo de fructosa.

Hay estudios que ponen de manifiesto que un nivel de sodio demasiado bajo puede ser la causa de la debilidad ósea en la tercera edad, mientras que otros ponen de manifiesto que niveles bajos de sodio urinario se relaciona con mayor riesgo de ataques cardíacos.

La deficiencia de sodio también puede ser la causante de cambios en el estado de ánimo o de variación del apetito. Recordemos que la sal es un antidepresivo natural.

Como la sal es un alimento necesario para la vida debemos ser conscientes de la sal que consumimos.

La sal refinada que se vende en los supermercados contiene aproximadamente un 97,5% de cloruro de sodio, y un 2,5% de sustancias químicas como yodo y absorbentes humedad, y es secada a más de 1200 °F, lo que altera la estructura química natural de la sal.

Por el contrario la sal sin refinar contiene un 84% de cloruro de sodio y un 16% de otros minerales de origen natural como silicio, fósforo o vanadio.

Para que su cuerpo funcione correctamente es necesario que utilice una sal equilibrada, natural, sin manipulación alguna. La propuesta que hacemos desde la Fundación Galicia Verde es la del consumo de sal del Himalaya.

Se trata de una sal sin refinar que ha pasado miles de años madurando a presión tectónica extrema, muy lejos de zonas contaminadas con metales pesados y toxinas y que su único procesado es al lavado manual.

Esta sal del Himalaya contiene 84 oligoelementos provenientes de los mares prehistóricos y su estructura cristalina almacena energía vibratoria que contribuye a la restauración de nuestro cuerpo.

Esta sal además de utilizarse para cocinar de la manera habitual, puede ser utilizada, en concentraciones del 1%, para realizar gárgaras para tratar resfriados o dolor de garganta, para enjugar los ojos y aliviarlos cuando están cansados o irritados, para realizar limpiezas nasales utilizando una lota e, incluso, para realizar baños de sal, resultando hidratante para la piel y altamente desintoxicante.

Conviene utilizar concentraciones del 1%, ya que es similar a los fluidos naturales del cuerpo.

La Fundación Galicia Verde, a través de su tienda on line “namaskar.es” le ofrece la sal del Himalaya en diversos formatos y distintos grados de molienda para adecuarla a los distintos usos que quiera darle.

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